
EL NÚMERO TOTAL DE SOLICITANTES SE HA DISPARADO HASTA LAS 18.000 PERSONAS
“Se desarma el sistema en el que hemos venido viviendo”, censuran las organizaciones sociales sobre la situación actual.
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DONOSTIA. Siete familias, muchas de ellas aquejadas de graves depresiones por la situación que están viviendo, se ven obligadas cada semana a recurrir por primera vez a los servicios de reparto de alimentos en Gipuzkoa. Muchas de ellas acuden sin poder desprenderse de la vergüenza que sienten, ya que jamás habían imaginado verse en una situación económica que ni siquiera les garantiza la manutención.
Y siendo grave, no es más que la punta del iceberg de una realidad que se presume mucho más lacerante, teniendo en cuenta que estas familias son las que llegan exclusivamente a Berpiztu, una de las asociaciones de mayor entidad de las 150 que colaboran con el Banco de Alimentos de Gipuzkoa.
Las hipotecas, los desahucios y el desempleo, al que cayeron 2.875 personas en Gipuzkoa solo durante el mes de enero, se han convertido en un drama cotidiano. Y el corto plazo no invita precisamente al optimismo, ante un panorama “muy negro” para 2012, y la amenaza casi consumada de la recesión. “Se desarma el sistema en el que hemos venido viviendo”, reflexiona desde su oficina Ángel González, coordinador del proyecto Punto de Referencia de Berpiztu. Este servicio hace posible el reparto de alimentos, desde los locales del barrio donostiarra de Larratxo, Loiola y Lasarte-Oria, históricos enclaves donde más ha sacudido el paro, a esas personas que acuden con la mirada y los bolsillos vacíos.
En este contexto, acuciado por las necesidades, González no entiende los recortes que comienzan a aplicarse en materia social. “Debido a la falta de ayudas públicas, nos ha costado cerrar el presupuesto. La incertidumbre para 2012 es grande, y de ahí en adelante ya veremos, ahora ni siquiera nos lo planteamos”, reconoce. La falta de recursos les ha obligado a establecer un cupo máximo de 75 familias atendidas cada semana, y en Altza se han visto abocados a prestarles ayuda cada quince días, y no semanalmente, como hacían antes.
Él, y voluntarios como Maribí, de 43 años, son testigos del drama que sacude a quien se ha quedado sin empleo y ve agotados sus recursos. Familias que se acercan a esta sede, para cargar un paquete de arroz, tomate, galletas y una caja de leche, y descargar algún que otro lamento. “Cuando empezamos a trabajar en el reparto atendíamos exclusivamente a inmigrantes. Ahora no. Ahora el necesitado puede ser cualquier vecino del barrio, muchos de los cuales ni siquiera están cobrando ayudas de emergencia social. Se enfrentan al día a día sin ningún ingreso”, revela.
Entretanto, en un territorio en el que más de 100 personas se incorporaron a diario a las listas del paro durante el mes pasado, el aluvión de solicitantes no cesa, como puede apreciarse en la actividad desempeñada por el Banco de Alimentos de Gipuzkoa. Es el que surte a parroquias y organizaciones sociales del territorio, el mismo que repartió el año pasado 1.750.000 kilos de comida, muy por encima del millón registrado en 2010.
El crecimiento ha entrado en una dinámica imparable. El número de beneficiarios se ha disparado durante los últimos tres años, hasta alcanzar las 18.000 personas, muy por encima de las 11.000 que se atendían entonces. “Y la demanda no cesa”, recalca José Manuel Pineda, vicepresidente del Banco de Alimentos de Gipuzkoa. “Hoy mismo (por ayer) hemos entregado 900 kilos de alimentos a la Parroquia de San Fermín, de Pasai Antxo. ¡Esa cifra es una barbaridad!”, exclama sorprendido. Con esos alimentos se atenderán las necesidades de 64 familias de Oarsoaldea, por encima del medio centenar que se registraba hasta fechas recientes.
ATENCIÓN DUPLICADA Así, la memoria de la actividad de las organizaciones sociales parece haberse convertido en un espejo de ese progresivo deterioro socio-económico al que se ve abocado el territorio. Berpiztu atendió en 2010 a 532 familias en crítica situación, cifra que prácticamente se ha duplicado en tan solo un año, al pasar a 912.
Parte de los alimentos que reparte esta organización proviene de los excedentes de la Unión Europea. Ahora, se ha dado la circunstancia de que las remesas han comenzado a retrasarse, lo que está obligando a Berpiztu a desplegar campañas de captación de alimentos en grandes superficies, con las que se palía temporalmente la falta de recursos.
Maribí, la voluntaria, es madre soltera. Convive con su hija de 19 años y con su madre, viuda. Las estrecheces económicas también han llegado a su casa, pero se muestra optimista. Dice que el tiempo de crisis también lo es de solidaridad, y predica con el ejemplo. Dedica un tiempo al voluntariado, echando una mano a la asociación. “Empezamos a trabajar con muy pocas familias, pero el volumen de atenciones ha crecido ahora de una forma increíble. De las que vienen, hay personas que tienen trabajo, pero sus ingresos solo les permiten pagar la luz y la hipoteca. Creo que, hoy más que nunca, es necesario ayudar”, sostiene.
fuente | Noticias de Gipuzkoa